Uno de los casos más curiosos ocurre en Texas. El candidato republicano al Senado Ken Paxton comenzó a llamar a su rival demócrata James Talarico “Tofu Talarico”, mientras que Donald Trump afirmó que Talarico era vegano y que eso no era precisamente una ventaja para intentar ganar una elección en Texas. El problema es que Talarico ni siquiera es vegano. La afirmación fue verificada como falsa por PolitiFact y AFP. Su vinculación con el tema proviene principalmente de una intervención de 2022 en la que defendió reducir el consumo de carne por razones ambientales y de bienestar animal y anunció que su campaña compraría alimentos veganos a negocios locales. La situación llegó al punto de que el propio candidato comenzó a demostrar públicamente que consume productos animales, apareciendo en fotografías comiendo una pata de pavo y en videos consumiendo carne, huevos y queso.

Algo similar sucede en Colorado con Manny Rutinel, candidato demócrata al Congreso y antiguo activista por los derechos animales. Rutinel se consideró "vegano" durante años y había cuestionado públicamente la ganadería industrial. Durante esta campaña, sus adversarios recuperaron antiguas publicaciones y comenzaron a llamarlo “Meatless Manny”, especialmente porque compite en un distrito con una importante actividad ganadera. Rutinel asegura que sus posiciones cambiaron y que actualmente come carne, lo cual confirma que nunca fue vegano, pero tuvo cierta consideración ética por los animales en algún momento. La situación alcanzó una imagen difícil de imaginar fuera de una campaña electoral cuando el candidato visitó un puesto de tacos y comió carne asada frente a periodistas y cámaras, en medio de las críticas sobre su supuesto pasado vegano.

El fenómeno llevó a The Guardian a preguntarse esta semana por qué “vegan” se está convirtiendo en un insulto político, señalando cómo una elección alimentaria vinculada con preocupaciones por los animales y el ambiente está siendo presentada como una especie de defecto personal. La ética transformada en insulto. Se puede discutir cualquier propuesta política vinculada con la agricultura, pero convertir la palabra “vegano” en una descalificación resulta difícil de tomar en serio cuando se recuerda qué veganismo significa intentar reducir, en la medida de lo posible, la explotación y el sufrimiento de otros animales.

Que en una campaña política alguien llegue a tener que demostrar frente a las cámaras que come carne para defenderse de la “acusación” de haber tenido preocupación por los animales muestra hasta qué punto puede deformarse el debate. Se podrá estar de acuerdo o no con el veganismo, pero presentar como vergonzoso el intento de evitar sufrimiento innecesario es una paradoja absurda y tragicómica que hoy nos ofrece la política de Estados Unidos.